El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
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Meditación
En la inmensidad de su paciencia y amor, Dios nos espera. No se encuentra sumido en el apuro ni la confusión; estas no son compañeras de su esencia divina. Tú, madre laboriosa, sostienes múltiples roles en un equilibrio constante, como malabarista de platos en varas tambaleantes. La idea de desacelerar parece contradictoria con tu día a día, ¿verdad?
Puedes pensar, "Si vivo a toda velocidad, ¿no estaré ayudando más a Dios?" Pero la verdad es que Él no busca ayudantes precipitados para su obra. No está ansioso, esperando que hagamos lo que Él no puede sin nosotros. Nuestra misión como sus seguidoras es bastante clara. Agradarle es una elección que abrazamos con el corazón.
Nuestro llamado es a parar y descansar, a estar en paz con Dios. No se trata de una opción, sino de una instrucción para nuestro beneficio.
Observa cómo vivimos tan presionadas que se nos marcan las venas del cuello, con listas de tareas tan largas que tocan el suelo. Es necesario desacelerar, es imperativo. Dios se complace más en la mujer que se toma tiempo para reflexionar, que extrae fuerza de su Padre celestial y atiende a sus susurros. Una mujer que piensa los pensamientos de Dios y conoce las necesidades de cada miembro de su familia. Una mujer dispuesta a dedicar tiempo valioso a su esposo, hijos y amigos, no solo momentos apresurados.
Ella podrá servir a su familia cuando medite en lo que honra al Señor. ¿Te parece imposible? Respira hondo. Pide al Señor que aquiete tu corazón mientras buscas momentos para reflexionar en Él. Luego, escucha lo que tiene que decirte: "En la calma y en la confianza estará tu fortaleza".
Reflexiona
- ¿Qué puedes entregar en vez de llevarlo contigo durante la noche?
- ¿Qué recordatorio de la presencia de Dios quieres conservar al descansar?
Oración
Amado Padre celestial, en la quietud de este momento, traigo mi corazón inquieto ante ti. Enséñame a hallar reposo en tu presencia. En el ajetreo de cada día, ayúdame a reconocer tu voz suave y apacible, a encontrar fuerza en la serenidad que sólo tú puedes brindar. Que mi servicio a ti y a mi familia fluya de un corazón centrado en tu voluntad y no del caos de una vida sin freno. Fortaléceme con tu paz, para que mi vida refleje tu amor y paciencia en cada acto y palabra. En el nombre de Jesús, amén.
Continúa tu ritmo con la Palabra