Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
Source record 45355 · SHA-256 e80fcd213728…
Meditación
Un día, una compañera de trabajo me preguntó si podía cargar su móvil en mi escritorio. Al tomar su teléfono e intentar conectarlo al cargador mientras ella se alejaba, me di cuenta de que tenía un cargador para iPhone y su móvil era un Android. La llamé de vuelta a mi mesa para informarle que su teléfono no se cargaría porque no tenía el cable adecuado. Ella me agradeció el intento y continuó con su día.
Este pequeño incidente me hizo reflexionar sobre cómo a veces nos conectamos con las personas o cosas equivocadas que pueden drenar nuestra vitalidad. Si fuéramos completamente sinceros, en algún momento hemos convertido a estos en pequeños dioses, esperando que sean la fuente que alimente el fuego que Dios ha puesto dentro de nosotros.
El rumbo de nuestra vida tiene mucho que ver con las conexiones que establecemos. Ya sea con personas, nuestro trabajo o nuestra iglesia, es crucial estar conectados con lo CORRECTO, ya que son parte esencial para impulsarnos hacia nuestro destino; sin embargo, no deben reemplazar nuestra relación y conexión con Jesucristo.
Así como una planta no puede sobrevivir sin permanecer unida a la vid que la nutre, tampoco nosotros podemos florecer sin estar enraizados en Cristo. Jesús mismo dijo: "Yo soy la vid, ustedes son las ramas. El que permanece en mí y yo en él, éste da mucho fruto; porque separados de mí nada pueden hacer."
Que nuestra vida sea un testimonio de una conexión auténtica y vital con Jesús, el único que puede dar verdadero sentido, dirección y energía a nuestra existencia. Busquemos cada día esa comunión íntima con Él, sabiendo que solo así encontraremos la savia que nutre nuestra alma y nos permite dar frutos abundantes de amor, gozo y paz.
Reflexiona
- ¿Qué verdad de este pasaje puede orientar el comienzo de tu día?
- ¿Qué puedes poner hoy en las manos de Dios?
Oración
Amado Padre Celestial, mi corazón rebosa de gratitud por la profunda conexión que tengo contigo, la fuente de toda vida. Reconozco que separada de Ti, carezco de todo. Con cada aliento, deseo acercarme más a Ti; te pido que también Te acerques a mí. Si alguna vez me desvío de Tu presencia, tierna y amorosamente guíame de vuelta a Tu lado. Que mi vida permanezca firmemente enraizada en Tu amor y que cada paso que dé sea un reflejo de nuestra unión. En el nombre de Jesús. Amén.
Continúa tu ritmo con la Palabra